El reconocimiento de Palestina abre la crisis con Tel Aviv
En un paso histórico, el Gobierno de Pedro Sánchez anunció en mayo de 2024 el reconocimiento oficial del Estado de Palestina, convirtiendo a España en uno de los países europeos más destacados en romper el silencio. La decisión desató una tormenta diplomática con Israel, que respondió retirando a su embajador e imponiendo restricciones a la cooperación bilateral.
En septiembre de 2025, Sánchez elevó aún más el tono al acusar a Israel de cometer un “genocidio contra un pueblo indefenso”, acompañado de un paquete de medidas contundentes:
- Prohibición total de exportar armas a Israel.
- Bloqueo al tránsito de aviones y buques militares israelíes por el espacio aéreo y puertos españoles.
- Restricciones a la importación de productos provenientes de los asentamientos.
- Mayor apoyo financiero a la Autoridad Palestrina y a la agencia de la ONU para los refugiados (UNRWA).
Relación con Washington: cautela en defensa y apertura diplomática
Pese a las tensiones por el gasto en defensa en el marco de la OTAN – ya que Sánchez rechazó elevarlo al 5% del PIB, manteniéndolo en el 2,1% –, Madrid buscó preservar un equilibrio con Estados Unidos.
La capital española acogió una ronda de negociaciones de alto nivel entre Estados Unidos y China, centradas en cuestiones sensibles como el comercio y la aplicación TikTok, reforzando así la imagen de España como mediador internacional confiable.
La presión en las calles: el deporte como escenario de protesta
Los acontecimientos no se limitaron a la arena política. En septiembre de 2025, Madrid fue escenario de masivas manifestaciones pro-palestinas coincidiendo con la etapa final de la Vuelta Ciclista a España.
Las protestas obligaron a los organizadores a cancelar la jornada de clausura, mientras Sánchez elogió a los manifestantes al afirmar que habían “encarnado la conciencia de la nación”. Sus declaraciones dividieron a la opinión pública entre quienes apoyan su línea diplomática y quienes lo acusan de politizar el deporte.
Una diplomacia entre principios y pragmatismo
Resulta evidente que Madrid ha optado por combinar una postura firme y de valores frente a Israel con una estrategia pragmática y equilibrada respecto a Washington.
La pregunta que surge ahora es si esta política representa un giro estratégico hacia una diplomacia basada en valores humanitarios, o si se trata de una apuesta coyuntural para reforzar la posición del Gobierno socialista tanto en el ámbito interno como en el exterior.
Lo cierto es que, bajo el liderazgo de Sánchez, España se ha consolidado como un actor que no puede ser ignorado en los asuntos internacionales más delicados, y como una de las voces europeas más firmes en la defensa de la causa palestina.

